lunes, 19 de septiembre de 2011

Carta para alguien

Desarmada luego de algunas de tus pláticas nocturnas, me dejo estar con los dedos desnudos y la mente seca. Suelo tener frío en la noche, pero es ese frío que no se va jamás, que me atravieza como sólo el dolor ajeno puede, el dolor ajeno que se vuelve propio al compartir con otros el camino y el abrazo húmedo que no te suelta.
Sin conseguir evitarlo, -transformarlo mucho menos- a falta de tus manos y silencios tenues, quedo resistiendo el frío, que rasga mi piel que arde que grita, que gime deseosa de su consuelo que son tus besos lejanos, tus besos que nunca entregan, pero ocultan más amor del que me han entregado jamás. Amor sereno, del que no se gasta en vano. Así de sacudidos mis pensamientos, de removidos mis viejos suelos y de dibujados intensos cielos, provocas que se corte un poco el aire que tragaba, para empezar a saborear cada suspiro que retengo.

´Necesito tu abrazo fuerte,
 Necesito darte mi abrazo,
 Necesito dar este amor,
                          - que no comprendes'
pienso, y repienso, tratando de reconocer los orígenes del furioso deseo.

¿Por qué tanto necesito, tanto quiero? ¿Es esa clase de amor el que rebelo?

                                                                             ***
¿Cómo supiste tomarme, vaciarme y volverme a llenar?
¿Cómo supiste darme un poco de calor en este frío?
¿Cómo supiste ver a través de mí, ver entre mis palabras mis silencios?
¿En cuál dichoso instante me encogiste el corazón a puñaladas dulces?

Ahora cargo con el alma llena de deseos,
deseos que al soltarlos quedan suspendidos en el aire,
y yo espero que no caigan, o que caigan lento -sutiles,
que resbalen planeando hasta el suelo.

El mundo hace tanto ruido. Ruido. Ruido;
y yo sigo buscando un sonido dulce,
como el canto de tu voz hasta en ausencia,
como susurro suburbano en tanto caos,
como ese amor que en migajas te pido,
                    que en migajas me niegas.

¿En qué insensata aventura de quinceañera me haz involucrado ? Me comporto incoherente, amándote empecinada desde aquel día que me propusiste volar por un rato fuera de este mundo. Despues de aquel vuelo mi mirada a ésta tierra no volvió a ser la misma. Desde arriba, desde el aire, distinguí otras cosas que al bajar no pude evitar buscar incansablemente, hasta retomar el vuelo y reubicarlas desde lo alto. Una y otra vez hago ese viaje remontando palabras nuevas, lugares frescos, cantos en los que creo. Un viaje hacia lo vivo, que me libera del hastío de lo inerte, lo dormido.

¿Que pasaría si te digo, que antes de conocerte amor, no pasaba tiempo entre los vivos?

El cielo se opaca si veo la tristeza plena de tus ojos,
un rayo de sol se quiebra con la dureza franca de tus palabras,
el aire se espesa con la limpieza tibia de tus acciones,
el color humano de tus pensares,
el sabor amargo de tus penas,
la esperanza ardiente de tus gritos,
el vuelo intenso de tus sueños.

¿Cómo soportar el peso del mundo después de tocar tus cálidos temores,
y hundirme en lentas pupilas tendensiosas?
¿Cómo vivir si cuándo no estás cerca me olvido de tan ardua tarea?

Y sin embargo estoy llena de inarrancables ganas de acompañarte en tus sueños, aunque lejos, aunque no me veas. Yo estoy, y te digo cautelosa, sigilosa, con el tímido amor de los que callan en vida para exiliarse en sus versos, donde reside un futuro más cercano al amor que hoy anhelo.

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